El signo chino para denominar la palabra conflicto, está compuesto de dos símbolos superpuestos: uno quiere decir peligro y el otro oportunidad. El peligro consiste en permanecer en situaciones de encrucijada que termine con las energías individuales. La oportunidad se encuentra en ver la cara positiva del problema y abrirse a las posibilidades que permitirán configurar horizontes nuevos para el éxito personal y profesional.

En el transcurso de numerosas intervenciones que hemos realizado y dirigido, cuando hemos preguntado a los participantes que visualizasen y asociasen a la idea "conflicto" palabras que les viniesen a la mente, normalmente, en una proporción aplastante, las connotaciones negativas han sido superiores a las positivas que van desde la hostilidad y el sufrimiento, hasta la violencia psíquica o la muerte. La palabra "conflicto" por sí misma produce temor en toda organización y se hará todo para evitarlo. El aspecto positivo del término suele emerger muy poco en la manera de gestionar, experimentar y pensar en ellos y sin embargo, es una fuente de ruptura positiva para el cambio, para superar creencias y valores personales trasnochados. Brinda la oportunidad de replantearse formas nuevas de pensar y de actuar para llenar de esperanza y energia nuestras vidas.

"Amapola" es una guía sencilla que hemos creado de autoayuda personal y autoestima para superar problemas. Es un método idóneo para que las personas puedan ayudarse así mismas reforzando su capital relacional y humano. Brinda sobre todo orientación para saber manejar las emociones destructivas, buscar soluciones concretas sobre asuntos específicos, y resolver problemas inmediatos. No pretende realizar una modificación profunda de la persona sobre su pasado, sino que la proyecta hacia el futuro positivo que está creando ella misma, y le da las claves, para establecer relaciones profesionales, interpersonales y sentimentales más armónicas.
Amapola es el grupo más pequeño de autoayuda desde el fortalecimiento propio. Permite sacar a la luz la oportunidad del conflicto y su aportación positiva para superar problemas personales, reforzar la autoestima y establecer relaciones positivas. No pretende suprimir el conflicto, sino entenderlo e interpretarlo para analizarlo, restañar heridas, cargarlas de energía y recolocarlas en su justo lugar.

Los conflictos no son fracasos sino un aprendizaje de que algo tiene que ser revisado y gestionado. Son como la doble cara de la moneda de Jano, ofrecen al mismo tiempo optar entre una dicha imprevisible de aportación positiva o de destrucción. La clave se encuentra en cómo se administre el conflicto, es decir el fruto de la adormidera blanca de tan maravillosas propiedades medicinales, y de cuya cápsula se extrae la morfina y la heroína. El conflicto no es una situación excepcional, la realidad de la existencia es casi siempre crítica: mudable, inestable, agitada, sometida al sufrimiento, a la violencia y a la dicha imprevisible de experiencias y vivencias maravillosas desde la soledad sanadora.

Vivir es estar en perpetua crisis, sus seísmos y vértigos son lo que nos permite movernos, evolucionar como homo sapiens y seguir creciendo para acercarnos al homo mediator. Para ser feliz hay que atreverse a innovar desde la privacidad aceptando nuestras zonas oscuras. Pero también, con la misma bondad y sabiduría, beneficiarnos de nuestras maravillosas y potenciales virtudes. La vida es una serie de rupturas o mejor dicho, una ruptura en serie. Quien quiera saber un poco de vivir debe adiestrarse mucho en saber romper, hacerse expertas y expertos en despedidas. Cuentan investigadores arqueólogos alemanes que según análisis de viejas vasijas de cerámica con las que se transportaban amapolas desde Egipto hasta Chipre, en su interior se han descubierto restos de semillas de amapola, y la más antigua tiene 7.000 años, se descubrió en Colonia. Tan vieja como los conflictos mismos, ya que el conflicto está porque el movimiento está en todo abriendo oportunidades a la vida.

 

L.Sisternas & M. Immler